Mi historia…

Por años construí una vida basada en logros y validación externa, hasta que logré dedicarme y formarme en lo que era mi vocación.
El comienzo
No siempre supe qué quería hacer con mi vida. Como a muchos, me tocó decidir sin saber realmente quién era, qué me gustaba, ni siquiera si era buena para algo. Al final, eligieron por mí. Con el amor de mi familia, y pensando que era lo mejor, me orientaron hacia un camino que ofrecía estabilidad, prestigio y un lugar en el mundo. Estudié Ingeniería: una elección lógica, segura, bien vista. Trabajé durante años en entornos corporativos donde el estrés y la presión eran parte del día a día. Desde afuera, todo parecía estar bien: cumplía con lo esperado y más. Pero algo no encajaba.
La vocación
Con el tiempo, me di cuenta de que por dentro había un vacío. Que por más logros que sumara, incluso con grandes retribuciones económicas, me sentía desconectada de mí misma. Fue entonces cuando comenzó el verdadero viaje: el de mirar hacia adentro. Descubrir mi vocación como psicóloga fue un antes y un después. Comprendí que el bienestar real no viene de cumplir expectativas externas, sino de habitar una vida con sentido, autenticidad y coherencia.
Integración
Conozco ambos mundos: trabajé durante años en el ámbito corporativo, donde la exigencia y el rendimiento marcan el ritmo. Hoy, habito el espacio de la terapia, donde la pausa, la escucha y la autenticidad son el centro.
Esta integración me permite comprender profundamente a quienes se sienten atrapados en la autoexigencia, el estrés o la sensación de no ser suficientes.
La terapia es un espacio para reencontrarse, tomar fuerza y avanzar. Un proceso que cuida e impulsa, con objetivos claros, que activa recursos, construye soluciones y ayuda a encontrar sentido. Porque merecemos estar en paz con quienes somos y con la vida que elegimos construir.
La experiencia
No hablo solo desde la teoría; lo he vivido en carne propia. Conozco lo que es sentirse perdida, sostenerse desde la exigencia y cumplir con todo, menos con una misma. También sé que es posible salir de ahí. Haber transitado ese mundo desafiante me permite hoy acompañar con convicción, claridad y compasión.
Confío profundamente en el poder de la terapia como un espacio real de transformación: un lugar donde la escucha activa, la aceptación incondicional y la empatía no solo alivian, sino que permiten sanar, reconectar con tu fuerza interna y empezar a construir una vida más liviana, coherente y propia.
