Mi forma de Acompañar

Mi Forma de Acompañar

Acompaño procesos terapéuticos desde una presencia cálida y honesta, donde cada persona pueda sentirse mirada en su singularidad. No trabajo con moldes ni busco aliviar el síntoma a cualquier costo: me importa comprender qué historia lo sostiene, qué necesidad ha estado cubriendo y qué sería necesario transformar para que algo nuevo pueda emerger.

A veces, el primer paso es contener, dar espacio al dolor sin juicio. Y otras veces, cuando el proceso lo permite, se vuelve posible empezar a nombrar, mirar con verdad y reconocer lo que ya no se puede sostener.

También hay momentos en que es necesario reconocer el sentido de urgencia, especialmente cuando abrazar el dolor conocido parece más fácil que enfrentar lo que ocurre hoy. Y aunque ese darse cuenta duela, también puede liberar, permitirnos hacernos cargo y empezar a construir la vida que realmente deseamos.

Porque la terapia no busca solo aliviar, sino transformar, sembrar conciencia y construir una forma más habitable de estar en la vida.

Me importa acompañar sin imponer, reflejar la agencia interna cuando asoma, explorar con respeto el costo de sostener ciertas narrativas frente al mundo, y abrir nuevas formas de vincularse que no estén determinadas solo por el dolor.

Creo profundamente en el vínculo terapéutico como un espacio real, humano, donde no hay respuestas preestablecidas, pero sí preguntas que pueden transformar.

¿Hablemos?

Estudio cada proceso sesión a sesión, y pienso cada encuentro como un espacio único, donde quien llega pueda reconocerse, sanar y reencontrar dirección.